Mamie Bourbon nació de una obsesión: reinterpretar la pastelería francesa con la despensa de nuestra región. Cada receta guarda un pedazo de ese camino.
Del primer horno prestado al taller propio: los hitos que marcaron el camino de Mamie Bourbon desde 2016 hasta hoy.
Todo empezó en una cocina de departamento con un horno prestado y una receta de croissants que Antonio trajo de un viaje a Lyon. Las primeras entregas fueron para amigos y vecinos del barrio.
Alquilamos un pequeño local en Avenida Facundo Zuviría. Compramos el primer horno industrial y lanzamos las tartas personalizadas para cumpleaños. La demanda creció más rápido de lo esperado.
Con la pausa obligada, convertimos el taller en aula. Mónica diseñó el primer curso de macarons por videollamada y descubrimos que enseñar era tan gratificante como hornear.
Empezamos a trabajar directo con productores de Santa Fe: dulce de leche de tambo familiar, frutos rojos de la costa y miel de la zona. Nuestros dulces de temporada cambiaron de sabor para siempre.
El equipo creció a seis personas y lanzamos el servicio de mesas dulces para eventos íntimos. Hoy coordinamos hasta tres celebraciones por fin de semana sin perder el trato cercano.
Estamos compilando nuestras recetas de autor en un libro con historias de cada creación. Será una forma de compartir la técnica clásica y los sabores locales con más gente.
Mamie Bourbon nació en una cocina pequeña de Santa Fe, con un horno prestado y la idea de que la pastelería francesa podía hablar el idioma de nuestros ingredientes. Hoy seguimos horneando con la misma paciencia, pero con un taller propio y una comunidad que crece a cada curso.
Empezamos en 2016 con tartas de encargo para cumpleaños familiares. La primera receta que vendimos fue una tarta de limón y merengue, hecha con huevos de una granja vecina. Aprendimos a medir la humedad de la masa, a respetar los tiempos de reposo y a escuchar lo que cada cliente pedía sin decirlo del todo.
En 2019 abrimos el primer taller de macarons. No esperábamos tanta demanda: la gente quería entender por qué la cáscara se agrieta o cómo lograr ese pie característico. Ese año dictamos doce ediciones del curso y confirmamos que enseñar era tan importante como hornear.
En 2021 decidimos trabajar solo con productores locales: dulce de leche de tambo cercano, frutos rojos de Coronda y vainilla bourbon seleccionada a mano. Este cambio no fue fácil, porque implicó rediseñar recetas y ajustar tiempos de producción. Pero el sabor final nos dio la razón.
En 2023 dejamos la cocina compartida y abrimos nuestro espacio en Avenida Facundo Zuviría. Hoy el taller funciona como obrador, sala de cursos y punto de encuentro para quienes quieren aprender repostería de autor en un clima cercano. Las mesas dulces para eventos íntimos se convirtieron en una parte central de lo que hacemos.
Hoy, más de cuatrocientas personas pasaron por nuestros cursos. Algunas volvieron a hornear en casa, otras abrieron sus propios emprendimientos. Nos gusta pensar que cada egresado lleva un poco de nuestra forma de trabajar: con técnica, con calma y con ingredientes que cuentan una historia.
Estamos preparando una línea de dulces de temporada que cambia cada mes, según lo que ofrecen los productores de la zona. También sumamos un curso de tartas personalizadas para quienes quieren diseñar su propia creación. El camino sigue siendo el mismo: aprender, probar y compartir.